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Placas solares en el Hogar La Misericordia en Adjuntas. (Cortesía: Rhett Lee García)

Energía solar estabiliza el cuidado de adultos mayores en el Hogar La Misericordia

Nota de la editora: Octavo de 12 reportajes de la serie Las mujeres y la energía solar: historias de lucha en la montaña, que resalta las historias de mujeres líderes que se valen de la energía limpia y renovable para realizar trabajo comunitario de impacto y practicar la solidaridad en Adjuntas y pueblos limítrofes.

Se publicará uno por mes durante el 2020 como parte de una colaboración con Casa Pueblo de Adjuntas, en ocasión de su 40mo aniversario.

Por Michelle Estrada Torres

Si difícil fue para el puertorriqueño promedio enfrentar el día a día sin energía eléctrica después del huracán María, más lo fue para instituciones como el Hogar La Misericordia en Adjuntas, que atiende a una población mayor de 65 años con problemas de movilidad y condiciones crónicas.

La coreografía de servicio que los cuidadores, enfermeros y demás empleados ejecutan al dedillo en tiempos normales -bañar, cambiar y alimentar a los viejos- se alteró totalmente cuando el país se quedó a oscuras.

En su caso, fueron casi cuatro meses sin tener el servicio de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). En este periodo, la refrigeración de los alimentos dependía de neveras portátiles con el hielo que se pudiera conseguir, por lo que la dieta se tuvo que ajustar; la estufa de gas sustituyó la eléctrica; había que calentar el agua para bañar a los residentes y alumbrarse con lámparas en las noches para poder cruzar los pasillos y atender a los encamados.

“Hubo que conseguir hielo y guardar los alimentos en unas neveras plásticas para que se mantuvieran fríos. Se bregaba mayormente con potería porque no se podía traer mucha carne, por no decir ninguna, porque en todo el pueblo no había luz, no era nada más que aquí. No fue fácil. Nos bandeamos como papá Dios nos ayudó”, recordó María Margarita Ortiz Santana, encargada de la cocina.

Su compañera Carmen Maldonado Torres, quien realiza tareas de mantenimiento y cuidado de residentes, agregó que “era bien peligroso para nosotros el tener que cargar esos baldes de agua caliente para el baño”.

“Eso fue una experiencia mala porque no teníamos luz, ni agua. Cogíamos agua de un camión que venía. Teníamos que lavar hasta a mano”, rememoró.

Carmen Maldonado Torres. (Cortesía: Rhett Lee García)

Al momento de azotar el huracán, el hogar tenía planta eléctrica, pero era tanta la demanda que se averió.

“Nosotros teníamos una planta, pero con el tiempo de uso se dañó. A principios o mitad de octubre (de 2017), Casa Pueblo nos prestó una planta que se utilizaba ciertas horas y luego se dejaba descansar”, señaló Melissa Irizarry Maldonado, enfermera de profesión y administradora del hogar.

En fin, que tenían que lavar ropa y limpiar las instalaciones en un corto tiempo durante el día, volvían a encender la planta por la tarde para, entre otras cosas, moler los alimentos de la cena de varios residentes, y apoyarse de noche con las lámparas solares también donadas por Casa Pueblo.

“En un hogar como este es sumamente importante tener energía eléctrica porque los residentes están susceptibles a caídas, no ven bien y padecen desbalance”, apuntó Melissa, al enfatizar además que varios de ellos utilizan equipo de asistencia respiratoria las 24 horas del día.

Melissa Irizarry Maldonado. (Cortesía: Rhett Lee García)

Ganan seguridad y estabilidad

Una vez superada esa prueba, Casa Pueblo volvió a tocar a su puerta, pero esta vez para anunciarles que habían sido elegidos para recibir un sistema de energía solar.

Ello fue posible gracias a la alianza de la organización adjunteña con Empowered by Light, cuya base ubica en San Francisco, California.

“Es súper beneficioso porque sabemos que estamos en una isla donde hay huracanes y está temblando, pero estamos tranquilos de que vamos a tener energía porque tenemos las placas”, manifestó la administradora.

Este sistema le ha dado certidumbre y estabilidad al servicio de cuidado directo, enfermería y alimentación que 12 empleados prestan a los 14 residentes del hogar, algunos de los cuales tienen demencia, diabetes, alta presión o Alzheimer.

“Ahora todo el tiempo hay luz, los viejitos no están a oscuras y estamos contentos por eso”, compartió María.

María Ortiz Santana. (Cortesía: Rhett Lee García)

En enero pasado, luego del terremoto de magnitud 6.4, el hogar tuvo energía eléctrica y, aun en medio del temor por esta nueva emergencia, pudieron responder con mayor efectividad.

“Siempre le doy las gracias (a Casa Pueblo). Es una bendición lo que nos dieron y lo que le han dado a la comunidad. Le han dado a Pellejas, a la estación de bomberos y han ayudado mucho en el pueblo de Adjuntas. Son una bendición y estoy sumamente agradecida”, expresó Melissa.

Publicado: 31 de agosto de 2020