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Maribel Hernández: una vida marcada por la energía renovable y la autogestión comunitaria

Nota de la editora: Cuarto de 12 reportajes de la serie Las mujeres y la energía solar: historias de lucha en la montaña, que resalta las historias de mujeres líderes que se valen de la energía limpia y renovable para realizar trabajo comunitario de impacto y practicar la solidaridad en Adjuntas y pueblos limítrofes.

Se publicará uno por mes durante el 2020 como parte de una colaboración con Casa Pueblo de Adjuntas, en ocasión de su 40mo aniversario.

Por Michelle Estrada Torres

Dos sucesos han marcado la filosofía de vida y derrotero de la adjunteña Maribel Hernández: la lucha que detuvo la construcción de un gasoducto que hubiese cruzado la isla de sur a norte y el rescate del pueblo por el pueblo luego del huracán María.

En ambas instancias, donde la energía solar fue usada para educar y salvar, hizo su aportación junto a Casa Pueblo. Y en los dos eventos, la comunidad fue, simultáneamente, inspiración y beneficiaria.

“En el 1995, mi hijo Hernando (Dorvillier) fue el que me llevó a Casa Pueblo… En una ocasión, cuando el centenario de la bandera, Hernando fue uno de los cuatro abanderados en este magno evento y ahí seguimos envolviéndonos en todas las actividades”, recordó Maribel, quien llegó en el periodo posterior a la primera gran victoria de Casa Pueblo: el detente de la intención de explotación minera en la montaña puertorriqueña.

Ese fue el primer paso de la integración de Maribel y su hijo a la agenda comunitaria de Casa Pueblo. En el 2006, la relación se afianzó aun más cuando Tinti Deyá, cofundadora de la organización sin fines de lucro, reclutó a Hernando para fundar la Escuela de Música.

“Nando lleva 14 años con la primera escuela de música comunitaria en Puerto Rico. Se impacta a sobre 100 niños y se toca sobre 20 instrumentos musicales, hay de ocho a 10 maestros, se añadió una clase de tenis de mesa, de baile de bomba, de arte”, resaltó.

En esa primera década del presente siglo, Maribel vio cómo Casa Pueblo empezó su transición al uso de energía solar, y ahí se le abrió un mundo de posibilidades.

“Antes de la situación del gasoducto, cuando Aníbal Acevedo Vilá firma la ley para permitir la medición neta en sistemas energéticos, Casa Pueblo empezó a transicionar. Pusieron un sistema espectacular donde tenía medición neta… Ahí veo lo maravilloso que era el sistema de energía solar”, señaló.

Llegó el verano de 2010 y el gobernador Luis Fortuño le anunció al país que se proponía construir un gasoducto de sur a norte, proyecto que llamó Vía verde y que vendió como la principal alternativa para bajar el costo de la energía eléctrica en el país.

“Yo trabajaba en una compañía, pero siempre estaba al tanto y en casi todas las instancias importantes de Casa Pueblo. En un momento dado, cuando se acerca la lucha contra el gasoducto, ahí yo me integro y estuve todo el tiempo. Fue una lucha bien interesante, bien intensa y de mucho aprendizaje. Aprendimos la importancia de luchar por un mejor ambiente desde la perspectiva de la energía”, expresó.

Casa Pueblo orquestó una campaña de oposición a la propuesta gubernamental basada en educación científica, explicaciones claras sobre el grave daño que le haría el tubo de gas al medioambiente y el atentado que suponía para la seguridad de la gente, y la presentación de propuestas de energía renovable que permitirían conseguir la anhelada reducción en la factura de la luz. El pueblo escuchó, se unió y logró que se descartara el proyecto.

“Aprendí mucho. Casa Pueblo fue mi escuela. Esa lucha fue lo que me marcó de una forma extraordinaria. El hecho de ver cómo, habiendo alternativas, el gobierno insistía en proyectos de muerte. Y nos envolvimos de una manera extraordinaria hasta que, después de 26 meses de una lucha ardua, se logra derrotar el proyecto del gasoducto”, rememoró.

Parte de las responsabilidades de Maribel con Casa Pueblo incluían atender y ofrecer charlas a los visitantes de la casa rosada del pueblo, ubicada en la PR-123, a pasos de la plaza pública de Adjuntas. No obstante, cuando pasó el huracán María en el 2017, le tocó salir y ver de frente el rostro del dolor, como parte de la respuesta humanitaria de Casa Pueblo.

“María fue vital para entender la importancia de que la energía esté en manos de quien la consume. El centro de la isla fue abandonado totalmente por el gobierno, por la Autoridad (de Energía Eléctrica). Sufrimos en el casco urbano sobre tres meses (sin luz), en los barrios hasta un año. Sufrimos mucha tristeza, mucha desolación, y el que Casa Pueblo fuera un oasis energético en Adjuntas nos ayudó a ver la energía solar como algo vital para sostener nuestra familia, nuestra economía y nuestro pueblo. Se le dio otra mirada”, explicó.

Mantener un canal de información y comunicación a través de Radio Casa Pueblo, repartir bombillas solares y proveerles energía a personas que necesitaban terapias para mantenerse vivas fueron las principales acciones de la entidad en el periodo post huracán. También lo fue brindar un hombro para el consuelo y llorar juntos.

“Después de María, mi vida me cambió y no soy la misma en lo absoluto. El hecho de que pudiéramos brindar ese poco de energía a la gente fue fantástico”, afirmó.

Con el 2018 llegaron otras prioridades: energizar residencias y colmados con el sol, hacer lo propio con el transmisor de Radio Casa Pueblo, establecer el primer cine solar de la isla, orientar a la gente para que montara sus propios sistemas solares; en fin, fue el inicio de la insurrección energética. Maribel no se lo perdió, sino que fue parte como aprendiz y colaboradora, y le ha sacado provecho incluso para su propio beneficio.

“Creo que, para una mujer de mi edad, tener una visión tan moderna de lo que es la energía me ha ayudado. No estoy atada a los sistemas energéticos antiguos, sino que esto me ha ayudado a tener otra mentalidad de ir más allá de lo que está pasando, lograr mejor tecnología y me ha abierto la mirada al mundo. Ya mismo voy a tener mi propio sistema”, sostuvo.

“En estas charlas que tuve en Casa Pueblo aprendí cómo bajar mi consumo energético en casa. De 300 kilovatios que gastaba, ahora apenas gasto 100 kilovatios. (Mientras) Menos uso, menos combustible fósil que se está quemando y menos contaminación. No es simplemente mi factura, es el ambiente, cómo yo voy a protegerlo a través de toda esa transición”, agregó.

Al reflexionar sobre esta jornada, solo ve ganancia.

“Mi vida está tan y tan ligada a Casa Pueblo de una manera extraordinaria. El estar allí, el ver el cambio en la gente, el tú poder llevarle un halo de esperanza dentro de esta vorágine que se está viviendo, yo creo que es fundamental. Y esa labor la está haciendo Casa Pueblo. De hecho, toda esa experiencia me ayuda a llevarla a otras comunidades en otras áreas”, compartió.

Maribel ha puesto todo ese conocimiento adquirido en función de su nueva tarea como coordinadora de proyecto de Unidos por Utuado y la Cooperativa Hidroeléctrica de la Montaña, que está liderada por mujeres. Este grupo busca producir energía renovable a través del sistema hidroeléctrico de los lagos Caonillas y Dos Bocas, y 1,250 sistemas energéticos localizados en puntos estratégicos de la ruralía.

A pesar de su nueva empresa, el lazo de Maribel con Casa Pueblo no se ha soltado, sigue ahí. Y su invitación al país es que se dé la oportunidad de observar el ejemplo de tesón y solidaridad de esta organización, para copiar aquello que le ayude a avanzar con el bien común como norte.

“Eduardo Galeano habla de la utopía, de que la utopía te ayuda a caminar. Yo creo que Casa Pueblo es una utopía que nosotros nos debemos mirar en ese espejo para ayudar a caminar y echar este pueblo hacia adelante”, manifestó.

Publicado: 29 de abril de 2020