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Amor que sana lleva 23 años en Ponce. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

Proyecto Amor que sana: 23 años reparando vidas en Ponce

Sara R. Marrero Cabán
Voces del Sur

“El amor (es) para todo el mundo”. Desde darles un abrazo hasta ayudarles a alcanzar la rehabilitación permanente, Ana Medina y su esposo Juan Panelli han servido a las personas sin hogar y con adicciones ininterrumpidamente por 23 años mediante el proyecto Amor que sana en Ponce.

Cientos de personas han sido bendecidas hacia su recuperación, al punto de que muchos han acuñado las palabras papá, mamá y “misi” para identificarlos.

“Lo más grande es eso, es tú coger a un ser humano que no nació para eso y poderla sacar de ahí, que es tan difícil, poder volverlo a la familia, no hay precio. Eso no lo paga ni tirarme la lotería (ni) los millones que quieran darme”, aseguró Medina, quien es maestra, en entrevista con Voces del Sur.

Ana Medina. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

Principios de Amor que sana

Antes de fundar la organización sin fines de lucro, la pareja viajó por toda Latinoamérica y realizó trabajo misionero en lugares como Venezuela, Costa Rica y República Dominicana.

Luego, Panelli, quien también es dentista, optó por concentrar su labor comunitaria en su país natal: Puerto Rico.

Su primera misión fue buscar las personas necesitadas por la orilla de la Playa de Ponce. De ahí, los invitaba a la Iglesia Adventista, en la cual él persevera, y les brindaba servicios médicos. Además, donaban ropa e instalaron una ducha.

Sin embargo, con el paso del tiempo, los mismos feligreses se rehusaron a continuar colaborando y, como resultado, Panelli y Medina fueron obligados a cesar los servicios desde la iglesia.

Pero la labor de Panelli no finalizó. Con una simple cajita de herramientas médicas y armado con la bravura por servir, se adentró a uno de los puntos de drogas en Ponce, llamado El Almacén.

“La primera vez se fue solo con una cajita. Dijo ‘yo soy el doctor Panelli y vengo aquí a curar’. Ellos no lo creían. Cuando ellos vieron que en verdad era una persona cristiana y que iba a ayudarlos, dijo ‘¿puedo ir el otro sábado para ayudarlos?’ y así empezamos”, rememoró Medina.

Interior de la Casa Ana Medina en Ponce. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

Desde aquel día, todos los sábados, sin fallar, el matrimonio salía a la calle a curar heridas. Fue así que nació el proyecto Amor que sana.

“Al principio, todo el mundo se sintió tan utilizado. (Decían) ‘Dios está aquí. Los sentimos, lo respiramos’. Juan dijo, ‘bueno le tenemos que poner un nombre a esto porque esto que respiramos y vivimos tiene que tener un nombre. (Una voluntaria) dijo ‘¿sabes qué? Esto es un amor diferente, porque tú lo ves, lo palpas, lo sientes. Pues, esto tiene que ser un amor que vivimos, un amor que sana’”, contó.

Cinco años en la calle

Antes de adquirir el edificio, Medina dejó su trabajo como maestra para dedicarse a la rehabilitación de las personas sin hogar por cinco años.

“Entraba a los puntos para buscar a personas que se querían rehabilitar. Yo era el custodio, la trabajadora social. Todo lo que necesitaban para enderezarlos y le hacía de todo”, explicó.

No solamente los atendía físicamente, sino también emocionalmente, ya que llegó a salvarle la vida a una mujer que intentó suicidarse.

Al cabo de cinco años, el Municipio de Ponce le cedió el edificio que actualmente ocupan.

La Casa Ana Medina está ubicada en el casco urbano de Ponce. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

Originalmente, iba a ser nombrado Casa Ayuda Mujeres. Pero, para la sorpresa de Medina, tanto las mujeres que formaban parte del programa como Panelli bautizaron el centro con su propio nombre.

“Al principio era Casa Ayuda Mujeres. Pero, yo trabajé cinco años y Juan les (preguntaba a las mujeres) ‘ven acá, ¿cómo ustedes quisieran que se llamara la casa?’. Entonces, ellas fueron las que le dijeron a mi marido que esta casa tenía que llevar mi nombre, porque yo era la única persona que las cogía de la calle, las bañaba, no me daba asco ni pesar ni las insultaba. Yo jamás pensé que la casa iba a llevar mi nombre. Yo no lo sabía”, recordó entre lágrimas.

Por su parte, los hombres se rehabilitaban en Safe Heaven, un hogar de vivienda permanente en Yauco.

Habitación de la Casa Ana Medina en Ponce. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

Cortes de asignaciones federales

En el 2016, Safe Heaven perdió los fondos federales que recibía del Departamento de Vivienda. Por ende, trasladaron a los hombres que residían en Yauco al primer piso de Casa Ana Medina. Mientras, las mujeres residían en el segundo piso.

Poco tiempo después, la Casa Ana Medina también perdió la asignación gubernamental. Esto provocó la eliminación de 10 puestos de trabajo y la reducción de actividades, como el evento de Bingo de Regalos que efectuaban mensualmente.

Ahora, el proyecto opera casi completamente con las donaciones de ciudadanos y entidades privadas. Para colaborar, puede enviar un cheque a nombre de Proyecto Amor que sana o comunicarse al 787-843-4600.

Publicado: 29 de noviembre de 2019