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Mita con su nueva familia. (Suministrada)

OBRA: una ponceña al rescate de los perros

Sara R. Marrero Cabán
Voces del Sur

A pesar de considerárseles “el mejor amigo del hombre”, los perros en Puerto Rico enfrentan un panorama desolador: cerca de medio millón de canes han sido abandonados y otros tantos sufren maltrato físico.

Esta urgente necesidad de rehabilitarlos y buscarles un hogar fue lo que impulsó a la ponceña Giselle Colón a crear la Organización Pro Bienestar Rescate y Adopción de los Animales, mejor conocido como OBRA, hace siete años.

“Me crie en una familia en donde siempre tuvimos muchos perros y siempre me encantaron los animales, especialmente los perros. Pero, nunca pensé en volverme rescatista. Empecé en esto hace 15 años y empecé natural rescatando los perros que había por mi casa, por mi área y por Santurce, por donde yo trabajaba, y por Guaynabo. Pero, lo que empezó como algo ocasional, me fue creando una conciencia del problema tan grande que había en Puerto Rico y de lo mucho que sufrían estos perros y me fui envolviendo más y más y cada vez rescatando más y más hasta que hace como siete años fundé mi organización”, rememoró Colón, que también es abogada, en entrevista con Voces del Sur.

La rescatista reiteró que el maltrato de perros en Puerto Rico es rampante, especialmente después del paso del huracán María en el 2017.

Cuando miles de personas emigraron de la isla, muchas personas desampararon a sus mascotas al tirarlas a la calle o las dejaron encerradas en hogares.

Por ende, Colón estimó que, actualmente, cerca del 60 por ciento de los perros callejeros alguna vez tuvieron dueños. Estos perros sufren más que los que nacieron en la calle, por cuanto no saben cómo vivir solos.

Como consecuencia, los canes abandonados que tuvieron dueños solo viven entre dos a tres meses, ya que mueren atropellados o de hambre.

“El maltrato en Puerto Rico es muy grande. Cuando yo empecé, el perro que tú veías en la calle era que había nacido en la calle. Hemos tenido perros que los vecinos les dan comida y no se pueden ni sacar porque la gente, por no pagar nada, los dejaron encerrados en las casas o los tiraron en las calles.  Murieron muchos perros con el huracán, murieron miles. Pensábamos que iba a bajar el número de perros en la calle y aumentó. Aumentó por la irresponsabilidad de los dueños de no llevárselos, de no buscar alternativas y de dejarlos tirados en la calle. Ahora tenemos una sobrepoblación inmensa, yo creo que somos el país número uno per cápita por perros realengos. En Puerto Rico hay cerca de medio millón de perros y casi un millón de gatos (abandonados)”, expresó.

Mita, Miguel, Pedrito y miles más

El maltrato animal no se limita al abandono. Colón ha rescatado canes con fracturas en sus mandíbulas por asaltos con machetes o que han sido quemados y tirados a la basura. También ha encontrado a perros recién nacidos envenenados con ácido.

Fue así que Colón rescató a la perra Mita, quien fue una de varios perritos que sobrevivió ingerir ácido.

Mita cuando fue rescatada. (Suministrada)

A consecuencia del químico, fue necesario amputarle una de sus patas. Además, por varios meses después del incidente, sufría rupturas en su abdomen.

Luego de un proceso riguroso de rehabilitación, ahora vive con una familia en el estado norteamericano Massachusetts.

“Mita tiene dos, tres años, y vive con la mejor familia y tiene la mejor de las vidas, pero Mita tiene unas condiciones que van a ser de por vida. A ella todavía le salen sus úlceras por el ácido y tiene problemas en sus caderas”, indicó.

Mita ahora vive con su nueva familia en Massachusetts. (Suministrada)

Asimismo, los perros Miguel y Pedrito tuvieron un largo proceso de recuperación. En su caso, ambos vivían con un deambulante “que padecía de sus facultades mentales” en Bayamón.

Los canes consideraban al hombre como parte de su manada, ya que los tres comían de zafacones y dormían en una casa abandonada juntos. Cuando el hombre falleció, Colón los recogió de la calle de inmediato e inició el proceso de rehabilitación.

De izquierda a derecha: Miguel y Pedrito. (Suministrada)

“Nos hemos dado cuenta que Pedrito no puede vivir sin Miguel. Al morirse su dueño, que era como otro perro para él, era parte de su ‘pack’, su grupo, su núcleo. (Y, en) el veterinario, (al) estar en otras jaulas separadas de Miguel, notamos que (Pedrito) se puso muy ansioso. Cuando lo juntamos con Miguel, ya está feliz. Así que Miguel, ya se pudo haber ido hace tiempo a los Estados Unidos a buscar su hogar, (pero) está aquí porque tiene que vivir con Pedrito toda la vida. No los vamos a separar. Cueste lo que cueste, el tiempo que nos tome. Nos gustaría… darle un hogar. Pero, no un hogar de tirarlos en un patio o una finca… sino que ellos reciban el verdadero calor humano”, estableció.

Similar a estos dos canes, los perros Max y Molly mostraron ser inseparables. Cuando Molly fue rescatada, la llevaron a un veterinario porque requería una operación. Max caminó cerca de cinco millas hasta la puerta del veterinario y, durante la recuperación de Molly, dormía frente a su jaula inamovible.

Max (negro con manchas blancas) caminó cerca de cinco millas hasta la puerta del veterinario y dormía frente a la jaula de Molly (marrón). (Suministrada)

“Son casos que nos enseñan mucho de la lealtad y del amor y de lo que es ser un verdadero hermano, una verdadera pareja”, planteó.

Max y Molly en su nuevo hogar. (Suministrada)

Protocolo de rescate

Debido a la gran necesidad de rescatar y rehabilitar a los animales abandonados, Colón subrayó que existe un protocolo de rescate, el cual es:

  • Rescatar el animal de la calle.
  • Llevarlo inmediatamente a un veterinario.
  • Asegurarse de suministrarle vacunas, pruebas de parásitos del corazón, esterilización, desparasitación, preventivos de pulgas, entre otros.
  • Darle seguimiento en el veterinario por si tiene alguna condición de la piel o la sangre, como erliquia o babeosis.
  • Administrarle sus antibióticos.
  • Hospedarlos en un “boarding house”, o casa de huéspedes, mientras se consigue un hogar permanente.
  • Conseguir un hogar permanente a la mayor brevedad y llevarlos a un “foster home”, u hogar temporero, hasta finalizar los trámites de vuelo o transportación.

“La parte que más nos preocupa de los perros es el daño que pueden tener a su corazón, a su alma. Esa marca que el maltrato haya dejado en su vida. Hay perros que, gracias a Dios, son felices a pesar de vivir en condiciones malísimas, pero hay otros que llegan muy tímidos, miedosos, les tienen miedo a los hombres, les tienen miedo a los ruidos. Entonces, ese es el paso que más toma, que tenemos que rehabilitar”, puntualizó.

Normalmente, los perros rescatados por OBRA encuentran hogares en los Estados Unidos, ya que es imperativo que vivan dentro de un hogar.

Cómo ayudar

OBRA depende de la ayuda de voluntarios y de donaciones. Para aportaciones monetarias, puede enviar a:

  • PayPal | obrarescue@gmail.com
  • ATH Móvil | 787-409-1901
  • Venmo | @gisellemcolon
  • Cheque | a nombre de OBRA al PO Box 9949 San Juan Puerto Rico 00908

Si encuentra un perro realengo o desea prestar servicios voluntarios, puede comunicarse con OBRA mediante su cuenta de Facebook.

Pueblo de enfoque

Por los últimos dos años, rescatar a animales en Jayuya ha sido el enfoque de OBRA. Esto, porque el maltrato que Colón ha visto en el pueblo “es increíble”. Sin embargo, su labor se extiende a los 78 municipios de la isla.

“Ayudo también a otros grupos de rescatistas, ya ahora desde hace unos años tengo lo que yo le llamo unos ‘partner shelters’, unos socios, donde enviamos los perros que rescata OBRA y los perros que rescatan otros rescatistas (y) los ayudo en ese último proceso que es coordinar el viaje y el transporte y el envío. Ayudo a santuarios como ayudo también a rescatistas individuales”, añadió.

Publicado: 19 de noviembre de 2019