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El nuevo pozo del barrio Caonillas Abajo en Villalba cuenta con una profundad de 400 pies. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

Caonillas Abajo en Villalba: agua después de sequía

Sara R. Marrero Cabán
Voces del Sur

Abrir el grifo y sentir el brote fresco de agua es, en esta época, un servicio común y corriente. Sin embargo, para los residentes del barrio rural Caonillas Abajo en Villalba, esto era un lujo.

Por décadas, 75 familias vivieron sin el vital líquido, ya que el pozo de la comunidad no tenía la capacidad suficiente para suplir agua potable a cada hogar.

Luego de una lucha que ellos sentían interminable, hoy día la comunidad cuenta con un acueducto comunal que solucionó su problema.

“Yo tenía la esperanza perdida. Yo siempre decía ‘yo no lo creo hasta que yo no lo vea’, porque tantos años bregando y tratando y bregando. A veces, uno se frustra y pierde la esperanza. Esa alegría cuando subió el agua acá, yo me di una alegría. Ya yo estaba que cerraba la casa y me iba”, expresó a Voces del Sur Carmen Laboy, quien ha residido en esta comunidad con su esposo Arcilio González por los pasados 58 años.

Arcilio González y su esposa Carmen Laboy residen en la comunidad por los pasados 58 años. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

Con el fin de erradicar el problema, Pedro Torres organizó y formalizó el Consejo Comunitario del barrio.

Los miembros de este consejo mantuvieron reuniones con la administración municipal para sugerir posibles soluciones al longevo problema.

“Al conocer de este problema, lo hice mío y (traté) de contribuir todo lo que pudiera para resolver esta situación y me uní a la comunidad, formalicé una directiva de inmediato. Gracias a eso, a esa directiva, emprendimos lucha con la administración municipal, hasta que por fin hemos logrado lo que hemos logrado”, dijo Torres, quien preside el consejo y es natural de Juana Díaz.

Hogar de Arcilio González y Carmen Laboy. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

La lucha por el agua

La administración municipal instaló el pozo nuevo a un costo de $90 mil, aproximadamente, de fondos municipales.

“No hay un asunto más importante que el agua. Las carreteras son importantes, la luz es importante, la calidad de servicios y proyectos, pero el darles agua a esas personas yo creo que ha sido uno de los proyectos más importantes que yo he hecho”, afirmó el alcalde Luis Javier Hernández Ortiz a este medio.

Según el mandatario, fue un proyecto que buscó completar desde que asumió el puesto en el 2013. Para ello, se reunió con el Consejo Comunitario y, en aquel primer encuentro, los residentes sugirieron extraer la bomba que se había sumergido e instalar una nueva.

Con el fin de implementar este plan, el municipio contrató a la compañía PC Driller.

“Contratamos una compañía y estuvo meses tratando de sacarla, pero no tuvo éxito (y) fracasó el proyecto. El problema era que eso era prácticamente una cirugía mayor. Esa compañía vino, no hizo los trabajos satisfactoriamente, (y) abandonó el proyecto”, rememoró.

En el 2016, Hernández Ortiz optó por instalar un pozo nuevo.

“Eso ya era un proyecto totalmente nuevo. Esto es empezar en cero, prácticamente. Por eso es la complejidad, por eso es el costo. Estamos hablando de un hincado de pozo nuevo, estamos hablando de una bomba nueva, estamos hablando de un sistema que tiene una pequeña subestación energética para que los cambios de voltaje no afecten la bomba, tiene un sistema de extracción, lo último en los muñequitos”, aseguró.

Para llevar a cabo este nuevo proyecto, el municipio contrató a una segunda compañía, Walker Drilling de Ponce, que tampoco completó la obra.

“La compañía privada que habíamos contratado para hacer los servicios abandonó el proyecto también. Contratamos una compañía, empezó a hacer el hincado del pozo y cuando comenzó a hacer los trabajos de la instalación de la bomba, desapareció. Fue irresponsable. Solamente hincó el pozo. Tuvimos que hacer todo nosotros. Así que nosotros decidimos contratar un experto, retirado de la Autoridad (de Acueductos y Alcantarillados), para que fuera nuestro consultor”, comentó.

Adrián Rosado Díaz, empleado retirado de la AAA, diseñó el nuevo pozo que fue instalado por una brigada de empleados municipales.

Adrián Rosado Díaz, técnico quien diseñó el pozo; Pedro Torres, presidente del Consejo Comunitario; y Julio César Rosado, empleado municipal. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

“Este pozo se hizo a una profundad de 400 pies para buscar más volumen y poder suplir la demanda. Se hizo una prueba de bombeo y la cantidad que dio fueron 55 galones por minuto en el tiempo crítico de la sequía y, ahora mismo, se instaló una bomba. Estamos sacando 30 galones a 254 pies. El tanque ahora mismo se mantiene lleno, desbordando y todo el mundo aquí tiene agua. Lo único que en la parte baja, hay mucha presión. La gente tiene que estar instalando reguladoras, pero ahora mismo el sistema está normal”, subrayó Rosado Díaz.

Tanque de agua en el barrio de Caonillas Abajo. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

Orígenes del problema

El primer pozo se instaló en el 1974 con el programa División y Educación de la Comunidad y tenía una capacidad de suplirle agua a 50 familias. Con el tiempo, la bomba del acueducto se dañó.

“El problema que pasó ahí fue que se dañó una bomba (y), por desconocimiento técnico, empezaron a jalar la bomba con un cable de acero, se partió el cable y se fue a la profundidad del acuífero”, explicó Rosado Díaz.

Para solucionar este problema, se intentó pescar la bomba, que resultó en vano. Luego, se construyó otro pozo adyacente al primero, pero se contaminó el agua. Consecuentemente, un tercer pozo se instaló hasta construir el más reciente.

Acueducto comunal en el barrio Caonillas Abajo. (Voces del Sur / Sara R. Marrero Cabán)

Lo próximo para Caonillas Abajo

Por un año, el municipio contratará a un empleado para darle mantenimiento al acueducto comunal, como limitar el acceso de personas en el área del pozo y monitorear cambios de presión del agua, entre otras obras.

Cuando se cumplan los 12 meses, se transferirá el pozo a la comunidad. Entonces, la comunidad le pagará a un empleado para llevar a cabo estos trabajos.

“El municipio va a estar pagándole un operador, porque es importante el mantenimiento de ese equipo. Nosotros sí hicimos un compromiso con la comunidad para pagarle a ese empleado por un año. Después de ese año la comunidad paga sus cuotas y con esas cuotas va a estar pagándole al empleado”, señaló Hernández Ortiz.

Publicado: 3 de octubre de 2019